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Comencé a explorar las posibilidades del dibujo a carboncillo sólo a partir del año 2004. Los primeros formatos medianos ofrecían muchas restricciones. Peo el atentado terrorista en Londres en julio del año 2005 cambió la dirección de mi dibujo.
El ataque en sí mismo me desbalanceó, como lo hizo con muchos otros que han nacido o escogido vivir en esta ciudad. La tristeza y la ansiedad, y las inevitables reflexiones sobre la mortalidad, hallaron un ancla en el periódico principal londinense y su página doble mostrando las fotos de carnets y varios documentos de identidad de las 52 víctimas fatales. Tales imágenes no eran las más favorecedoras, o representaban a las víctimas con sonrisas honestas, pero provocaron en mí una respuesta muy emotiva que requiría un formato mucho más grande.
De ese momento en adelante etendí que, al menos para mí, el dibujar era igual al gesto, y tal demanda formatos muy grandes en los cuales pueda manifestarse.
Los Paisajes Humanos, también basados en una foto de la prensa, exhigió un formato mucho más grande, donde se hace aparente la exploración de la relación entre el macro y el micro paisaje. Estos formatos grandes envuelven al público, pasando a ser casi instalaciones. La foto original, un close-up de un hombre joven recuperándose de cirugía en el cerebro, mostraba un lado de la cabeza que había sido afeitado para la extracción del tumor, con el pelo empezando a crecer. Todo ese pelo me sugirió un paisaje de proporciones épicas.
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