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El dibujo es para mí una expresión clave de mi proceso creativo, y el punto de inicio de muchas series. Dada la prominencia del dibujo en mi proceso en los últimos años, su influencia ha permeado otras disciplinas en mi práctica artística, especificamente el el uso limitado del color, la gestualidad del trazo y el uso de formatos grandes. Estos últimos me han llevado a relfexionar sobre el dibujo como posible instalación. Empecé a explorar más seriamente el dibujo en carboncillo a partir de 2004. Los primeros dibujos en formatos medianos resultaron ser muy limitantes. Pero los ataques terroristas en Londres en el 2005 cambiaron el objetivo y la dirección de mis dibujos. Los ataques en sí mismos me conmocionaron, como a muchos londinenses. La aflicción y la impotencia, la ansiedad y los inevitables pensamientos sobre la mortalidad, hallaron una expresión cuando el periódico principal de Londres, el Evening Standard, publicó una página central doble con las fotos de los 52 fallecidos: eran fotos no muy halagadoras de tarjetas de identidad, algunas con sonrisas honestas. Tales imágenes incitaron una respuesta emocional, que me exigió una superficie de papel más grande. Desde ese momento en adelante, parecía evidente que para mi el dibujo equivale a gesto, y como tal requiere una superficie grande para manifestarse. Los ‘Paisajes Humanos’ están basados en una imagen de la prensa que demandaba un formato muy grande. Cuando expuestos al público, envuelven e involucran al espectador con su escala, rozando casi el territorio de la instalación. Con los ‘Paisajes Humanos’, es aparente la exploración de la relación entre el macro y el micro paisaje. La foto original, un plano cercano de un hombre joven recuperándose de una operación en el cerebro: la imagen mostraba la cabeza de perfil del lado afectado, afeitado para extraer el tumor, con la cicatriz, el cabello y la barba creciendo. Todo ese pelo creciendo en todas direcciones, me sugirió un paisaje de un bosque, de proporciones épicas. Una vez que terminé el ‘Primer Paisaje Humano’, necesité seguir explorando las posibilidades ofrecidas por formatos muy grandes en el dibujo a carboncillo. Confrontar el dibujo en tales proporciones produjo efectos específicos, no sólo en los dibujos que siguieron, sino también en mi pintura y escultura. La escala casi épica de estos dibujos me liberaron, y el dibujo pasó a ser también una reflexión sobre la gestualidad y un ejercicio muy físico. El ‘Segundo Paisaje Humano es una continuación del primer dibujo de la serie, en el sentido que se concentró en un plano más cercano de la cabeza de aquel joven de la foto, con el objeto de borrar gradualmente, en dibujos subsecuentes, toda referencia a la imagen original |
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